(Imágen: Penabranca)

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Los chakras son puntos energéticos y el conjunto de ellos podría describirse como tu sistema energético (así como existe tu sistema circulatorio, locomotor, respiratorio o digestivo) y son los responsables de procesar toda la energía que entra en tu sistema, trasmutándola y haciendo que pase por tu cuerpo de nuevo.

En los próximos días ahondaremos en los diferente chakras, cómo éstos afectan tu salud, cómo restablecer la energía en ellos, recuperar el equilibrio y qué propiedades tiene cada chakra.

Aunque la noción de los chakras parte del hinduismo, del yoga y de la medicina tradicional India (Ayurveda), son varias las culturas que coinciden con determinar y afirmar que el cuerpo tiene varios puntos energéticos, como es el caso de la medicina tradicional china que trabaja con los meridianos.

En cualquier caso, ambas tradiciones existen desde hace milenios (algo estarán haciendo bien si hace tantos años que existe y hasta algunos seguros médicos empiezan a cubrir tratamientos de acupuntura) e incluso tiene sus propias universidades de medicina tradicional, donde los médicos tardan un mínimo de 6 años en licenciarse para poder ejercer estas sabias medicinas.

Pero volvamos a los chakras. Nuestros cuerpos son materia y toda materia tiene energía. Esto es un hecho empíricamente demostrado, no hace falta que polemicemos sobre el tema. Estamos rodeados de un campo electromagnético, desprendemos calor, nuestros cuerpos son capaces de bombear un corazón con impulsos eléctricos, digerir comida mediante reacciones químicas, hacer un bebé y respirar, todo a la vez sin ni siquiera necesitar de nuestra atención ni acción voluntaria. Básicamente somos una maravilla de ingeniería biológica. Un milagro.

En nuestra sociedad pocas veces reconocemos la existencia de nuestra energía interna. Pero nos resulta imposible negar cómo el miedo se nos acumula en el pecho, la ansiedad en el estómago y plexo solar o cómo los problemas sexuales y de pareja nos contraen el útero y somatizan en problemas ginecológicos… ¿curioso? No lo creo. Para mí es totalmente lógico y normal. Pero andamos tan desconectados y vivimos con tanta prisa, inmersos en la cultura de la inmediatez, que en lugar de ahondar en el origen de nuestras afecciones (normalmente del alma), queremos mitigar los síntomas ya, tomándonos pastillas sin más.

La vedad es que como no nos escuchamos, muchas veces tenemos nuestra energía interior bloqueada o desequilibrada y que dichos bloqueos se manifiestan en nuestro plano físico mediante enfermedades o depresiones en los casos más graves o cuando hace más tiempo que ignoramos nuestro ser esencial.

Si mantenemos nuestra propia energía equilibrada, bien arraigada y protegida, la energía que transmitimos a los demás es limpia. Sin embargo, si entras en contacto con una energía pesada o de baja vibración, o tu propia energía está afectada por pensamientos, actitudes y creencias negativas, tu energía se ve afectada y tus chakras se bloquean o ensucian. Necesitas entonces restablecer su equilibrio para recuperar tu bienestar y salud.

 

Existen siete chakras principales

ChakrasLos chakras son como discos, ruedas giratorias o ruecas por las que la energía pasa a través de tu cuerpo. En realidad hay centenares de chakras, pero estos son los principales:

 

  • Chakra de la corona – en el tope de tu cabeza.
  • Chakra del tercer ojo – situado en el entrecejo, entre los ojos.
  • Chakra de la garganta – donde estaría tu nuez.
  • Chacka del corazón – en medio del pecho, donde está tu esternón.
  • Chakra del plexo solar – en tu estómago, justo debajo de las costillas
  • Chakra sacral – entre tu ombligo y el pubis.
  • Chakra de la raíz – en la base de la columna vertebral y en la zona genital.

 

 

Idealmente quieres que todos los chakras aquí nombrados tengan el mismo tamaño y claridad para que la energía fluya a través de ellos sin esfuerzo ni bloqueos que la relenticen.

Cuando tus chakras están en desequilibrio, puedes experimentar, entre otras cosas, miedo, sentimiento de desarraigo, desasosiego, falta de foco, ansiedad, pensamientos obsesivos, mal cuerpo, inquietud, y caos a nivel interno y externo.

 

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